De bomberos, bomberitos y autobombas…

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 Unos se presentaron de vincha, porque eran los indios bomberos del fondo, otros empezaron hablar con un lenguaje de mangueras, botas, capas negras… Y otros aprendieron tanto que se daban auto-bomba…

Lo cierto es que en pasillos, en la sala de descanso, en plena oficina, los participantes del curso de bomberos, empezaron hablar con términos semejantes, y a ser “bravos custodias”, “soldados del fuego, con un mandato superior”.

No se podía encender un cigarrillo porque agarraban el matafuego y te apagaban el pucho en los labios con tal de demostrar que eran bomberos de verdad.

Un chiquitín, que no podía trasladarse con el bomberito ensayaba para aprobar el examen final con un sifón de soda de litro y medio.

Uno de los participantes del curso con la barba de River (roja y blanca), porque se apuntó con un bomberito porque hacia calor y quería darse  aire, el hombre quedó como un Papa Noel de espuma…

El mas gordo del curso aprendió el uso de la manguera, a treparse de las escaleras, pero a él, le gustaba cuando el auto-bomba iba a sirena abierta. Le encantaba oír la sirena abierta y hacer lo que siempre había soñado, tirarse por el caño apenas suena la alarma, vestirse como el Zaragoso y correr vestido de bombero, pegar saltitos, poner los pies en la escalera e irse prendido al auto-bomba a cumplir con su deber.

Hubo otro de los participantes que hace unos cuantos años había deseado ser encantador de serpientes, quería que la manguera danzara como una víbora cuando le chiflaba bajito.

Los aprendices de extinguidores, sin embargo no pudieron encontrar al incendiario comedor ( bebedor) de la quemante heladera.

La heladera era como el triángulo de Las Bermudas, un refresco, una soda, un yogurt, un pedazo de torta que pasara por allí desaparecía sin dejar el menor rastro.

Hasta un frasco de dulce de leche que había quedado duro en el congelador porque estaba ácido y feo, fue desapareciendo lentamente, raspado a dedazo limpio, nunca se pudo encontrar al autor, y eso que los compañeros de oficina dejaron de guardia al bigotudo gordo de ojos, que no había podido hacer el curso de bomberos..

– Vos cuidá la heladera, ya que no pudiste ser soldado del fuego, a lo mejor te recibis de soldado de hielo…

 

-CAMACA-